La respuesta corta

Los fondos monetarios sirven, pero no para todo el fondo de emergencia. Son un producto excelente para la liquidez de tu cartera y un producto regular para la parte del colchón que puede que necesites el martes que viene. Con el €STR en el 2,19 %, uno barato deja alrededor de un 1,65 % neto — menos que una buena cuenta remunerada. Su ventaja real no es la rentabilidad: es que puedes traspasarlo a otro fondo sin pasar por Hacienda.

En 2022 vi a mucha gente descubrir, con cara de sorpresa auténtica, que un fondo de renta fija puede perder dinero.

No hablo de un fondo raro ni de un producto exótico. Hablo del fondo "conservador", el de la parte tranquila de la cartera, ese que se contrata precisamente para no tener sustos. Aquel año, los índices de renta fija europea cayeron más de un 15 %. Un 15 % en lo que se supone que era el ladrillo, no el tejado.

Y no fue un fallo del gestor ni una crisis de impagos. Fue aritmética. Aritmética que nadie había explicado antes de firmar.

Cuento esto porque el domingo pasado, hablando de dónde guardar el fondo de emergencia, dejé una frase suelta: "existe además la vía del fondo monetario… lo veremos con calma en otro artículo". Este es ese artículo. Y para entenderlo hay que empezar precisamente por ahí: por qué un fondo de renta fija puede caer, y por qué el monetario es la única familia dentro de la renta fija a la que eso, en la práctica, casi no le pasa.

Por qué un fondo de renta fija puede perder dinero

Vamos con la explicación sencilla, sin fórmulas.

Un fondo de renta fija compra bonos: préstamos a un Estado o a una empresa que pagan un interés fijo durante un plazo. Imagina que el fondo compra hoy un bono a 10 años que paga un 2 % anual. Perfecto, nada que objetar.

Ahora imagina que dentro de seis meses los tipos suben y los bonos nuevos a 10 años pagan un 3 %.

¿Quién quiere comprarte tu bono viejo, el del 2 %, pudiendo comprar uno nuevo al 3 %? Nadie, al mismo precio. Para que alguien te lo compre, tienes que bajarle el precio hasta que el comprador acabe ganando lo mismo que con el bono nuevo. Tu bono no ha dejado de pagar: simplemente vale menos. Y como el fondo se valora cada día a precio de mercado, esa bajada aparece en tu valor liquidativo.

Cuánto baja depende de una sola cosa: la duración, que es, dicho en cristiano, cuántos años de media falta para cobrar el dinero del fondo. La regla aproximada es brutalmente simple:

Si los tipos suben 1 punto, el fondo cae aproximadamente tantos puntos como años de duración tenga.
Duración 7 años → caída aproximada del 7 %.
Duración 0,2 años → caída aproximada del 0,2 %.

Ahí está todo 2022 explicado: los tipos pasaron del 0 % al 2,5 % en meses, y las carteras con duraciones de 6 o 7 años se llevaron el golpe completo.

Y ahí está también por qué la duración corta es otra cosa. Un fondo monetario, por regulación europea, tiene una cartera con vencimiento medio de como máximo 6 meses —y en la práctica muchos van bastante por debajo—. Con una duración de 0,2 años, una subida de un punto entero de tipos te cuesta un 0,2 %, que recuperas en cinco semanas de intereses. El daño existe, pero es del tamaño de un redondeo.

Es más: al monetario le conviene que los tipos suban, porque renueva la cartera cada pocas semanas y empieza a cobrar el tipo nuevo casi de inmediato. Lo contrario que a un fondo a largo plazo.

Esto viene muy al caso hoy, porque el mercado descuenta que el BCE aún tiene alguna subida pendiente antes de fin de año. Si eso ocurre, no es una amenaza para tu monetario: es una mejora.

El dato: 2,25 %, y lo que de verdad te queda

El Banco Central Europeo subió los tipos 25 puntos básicos el 11 de junio y los mantuvo sin cambios en su reunión del 23 de julio. La facilidad de depósito, que es la referencia que importa aquí, está en el 2,25 %. La próxima reunión es el 10 de septiembre, con proyecciones macro nuevas encima de la mesa.

¿Por qué importa ese número concreto? Porque es, en la práctica, el techo del que viven estos fondos. Un monetario invierte en letras, pagarés y depósitos a muy corto plazo, y todo eso orbita alrededor del tipo al que el BCE remunera el dinero a un día. La referencia diaria de ese mercado, el €STR, se quedó en el 2,188 % en su última publicación, la del viernes 28 de agosto.

De ahí para abajo, todo son restas.

€STR (última publicación, 28 de agosto de 2026): 2,19 %
— TER de un monetario barato (0,15 %) → ≈ 2,04 % bruto
— retención/tributación del 19 % al reembolsar → ≈ 1,65 % neto
IPC de agosto: 4,3 % general / 2,9 % subyacente

Fuentes: €STR, BCE · decisión del BCE de julio de 2026 · INE, IPC adelantado de agosto

Y si el fondo que te ofrecen tiene un TER del 0,60 % —que es lo habitual en las clases minoristas de muchas gestoras de banco—, la cuenta se queda en un 1,29 % neto. Con esa comisión te estás dejando por el camino más de una cuarta parte de lo que produce el producto.

Traducido a euros, sobre un colchón de 6.000 € y un año:

  • Monetario barato (TER 0,15 %): unos 122 € brutos → 99 € netos.
  • Monetario caro (TER 0,60 %): unos 95 € brutos → 77 € netos.
  • Cuenta remunerada al 2,50 % TAE: 150 € brutos → 121 € netos.

Lee bien esa última línea, porque es el mensaje incómodo del artículo: hoy, una buena cuenta remunerada rinde más que un fondo monetario medio. No menos: más. Con garantía del FGD y con el dinero en tu cuenta en horas.

Así que no, el monetario no gana esta comparación por rentabilidad. Ni se acerca a la inflación: con el IPC general en el 4,3 %, pierdes 2,6 puntos de poder adquisitivo; incluso contra la subyacente del 2,9 %, sigues perdiendo casi punto y cuarto. Como decíamos el domingo pasado, este dinero no está para ganar, está para estar.

Entonces, ¿por qué usarlos?

Lo que sí tienen y una cuenta remunerada no

Aquí está el verdadero argumento, y es el que casi nadie explica bien porque no cabe en un titular de rentabilidad.

1. Diferimiento fiscal. En una cuenta remunerada, cada vez que te abonan intereses Hacienda se lleva su parte en ese mismo momento. En un fondo no pagas nada hasta que reembolsas. Mientras tanto, el dinero de los impuestos que aún no has pagado sigue trabajando para ti. En un año y con 6.000 € la diferencia es de unos pocos euros y no cambia la vida de nadie. En quince años, con una liquidez que crece, empieza a notarse.

2. Y sobre todo: los traspasos. En España puedes mover dinero de un fondo de inversión a otro sin tributar por el camino. No hay peaje fiscal. Y esto convierte al fondo monetario en algo que ninguna cuenta bancaria puede ser: la sala de espera de tu cartera.

Piénsalo así. Cuando ya tienes cubierto el colchón, el monetario deja de ser "el sitio donde guardo la emergencia" y pasa a ser tu fondo de liquidez: el lugar donde aterriza el dinero que todavía no has invertido y desde el que haces tus aportaciones periódicas a los fondos de renta variable, mediante traspasos, sin pasar por Hacienda ni sacar el dinero del sistema.

Eso te da tres cosas prácticas:

  • La aportación mensual sale de un sitio que ya está rentando, no de una cuenta corriente al 0 %.
  • El traspaso es una operación interna: no hay reembolso, no hay ganancia realizada, no hay factura fiscal.
  • Y, muy importante, cuando decidas rebajar riesgo en el futuro, puedes traspasar de renta variable a monetario sin tributar tampoco. Con acciones o ETFs, cada movimiento pasa por caja.

Esa es la razón real para tener un monetario. No es el 2 %. Es la fontanería.

Lo que no tienen

Y ahora la otra cara, que es exactamente la que hace que no sirva para todo el colchón.

No hay Fondo de Garantía de Depósitos (FGD). Un fondo de inversión no es un depósito: es un patrimonio separado del que la gestora solo administra. Eso es bueno —si quiebra la gestora, tus participaciones no son suyas— pero significa que aquí no hay ninguna cobertura de 100.000 € que te devuelva el dinero si el valor cae. Existe el FOGAIN, que cubre hasta 100.000 € en casos de insolvencia o fraude de la entidad, pero no cubre pérdidas de mercado. No es lo mismo, y conviene no confundirlo.

La liquidez tarda. Y esto, en un fondo de emergencia, importa más que los decimales. Cuando das la orden de reembolso, el fondo te aplica el valor liquidativo del día siguiente (a veces del mismo, según la hora de corte) y el dinero llega a tu cuenta normalmente en 24 a 72 horas hábiles. Un viernes por la tarde, con un festivo de por medio, "72 horas hábiles" pueden ser el miércoles siguiente.

La pregunta que resuelve el debate no es cuánto renta. Es esta: si mañana te quedas sin coche o sin caldera, ¿puedes esperar tres días? A veces sí. A veces no.

Entonces, ¿cuánto del colchón?

Mi forma de resolverlo es partir el colchón en dos pisos.

Primer piso — cuenta remunerada, con FGD, disponible hoy. Entre uno y dos meses de gastos. Es el dinero del susto inmediato: la reparación que hay que pagar en el momento, la fianza, el billete de avión que no estaba previsto. Aquí no se optimiza rentabilidad, se optimiza no depender de nadie.

Segundo piso — fondo monetario. El resto del colchón, esos tres o cuatro meses adicionales que casi nunca se necesitan en 48 horas. Y, cuando el colchón ya está completo, este mismo fondo se convierte en el fondo de liquidez desde el que alimentas tu cartera.

No es una regla sagrada. Si eres autónomo con ingresos irregulares, engorda el primer piso. Si tienes una nómina estable y pareja con otra nómina estable, puedes adelgazarlo. Pero la lógica de los dos pisos —uno para la velocidad, otro para la eficiencia— es la que a mí me ha funcionado y la que uso a diario.

Si todavía estás construyendo ese colchón, la calculadora de ahorro para una meta te dice en cuántos meses llegas con la aportación que puedas sostener.

Qué mirar antes de elegir uno

Cuatro cosas. Se comprueban todas en el DFI/KID del fondo, en diez minutos.

1. El TER. Es lo único que puedes controlar con certeza. Entre un 0,10 % y un 0,20 % es competitivo; a partir del 0,50 % te estás comiendo un cuarto de la rentabilidad del producto. Con tipos al 2 %, la comisión no es un detalle: es la mitad de la decisión.

2. La duración media de la cartera. Cuanto más corta, más se parece a dinero y menos a un fondo. Comprueba que hablamos de un monetario de verdad (vencimiento medio de meses) y no de un renta fija a corto plazo disfrazado, que puede tener uno o dos años de duración y, por tanto, oscilar bastante más.

3. El mínimo de entrada. Aquí está la trampa clásica. Las clases institucionales, las baratas, suelen pedir mínimos altos. Muchos comercializadores dan acceso a ellas desde importes pequeños o incluso desde 1 €; otros solo te ofrecen la clase cara. El mismo fondo puede costarte 0,11 % o 0,60 % según por dónde entres.

4. Clase limpia o no. Una clase limpia es la que no incluye retrocesiones, es decir, la parte de la comisión que la gestora devuelve a quien te vendió el fondo. Si la clase no es limpia, estás pagando una comisión mayor y una parte se va en un incentivo comercial que no te aporta nada. En un producto que rinde un 2 %, esto no es filosofía: es un tercio de tu rentabilidad.

Y una quinta, que no está en el folleto: comprueba que tu comercializador permite traspasos automáticos. Si el gran argumento del monetario es la fontanería, más vale que las tuberías funcionen.

Por eso, sin prisa

Los fondos monetarios están viviendo un momento raro. Cuando los tipos estaban al 4 %, todo el mundo hablaba de ellos. Ahora que están al 2,25 %, han desaparecido de las conversaciones, justo cuando su verdadera utilidad —la fiscal, la de los traspasos— sigue intacta.

Eso pasa porque los miramos como si fueran una inversión, y no lo son. Son una herramienta. Y una herramienta no se juzga por la rentabilidad que da, sino por lo que te permite hacer.

Lo que un monetario te permite hacer es esto: tener el dinero que aún no has invertido en un sitio que renta algo, dentro del mismo sistema al que va a ir, a un traspaso de distancia de tu cartera y sin que Hacienda participe en cada movimiento. Nada de eso es espectacular. Todo eso es exactamente el tipo de decisión que, repetida veinte años, marca la diferencia.

Y como siempre en esta casa: primero la red —la cuenta remunerada, con garantía, disponible mañana— y después la eficiencia.

Sin prisa, pero con las tuberías bien puestas.

Preguntas frecuentes

¿Un fondo monetario puede perder dinero?

Sí, aunque hoy es poco probable. Puede ocurrir por tres vías: que los tipos suban de golpe (el impacto es mínimo, en el entorno de décimas), que la comisión sea mayor que lo que rinde la cartera —que es exactamente lo que pasó entre 2015 y 2022, cuando los tipos eran negativos y muchos monetarios daban rentabilidad negativa año tras año— o, muy excepcionalmente, que algún emisor de la cartera impague. Ninguna de las tres se parece a un riesgo de bolsa, pero "muy bajo riesgo" no es "cero riesgo".

¿Es lo mismo que un fondo de renta fija a corto plazo?

No, y se confunden constantemente. Un monetario está sujeto a una normativa europea específica que le limita la calidad crediticia y el vencimiento medio de la cartera a unos pocos meses. Un fondo de renta fija a corto plazo puede tener uno, dos o tres años de duración. Se parecen en el nombre y no tanto en cómo se mueven.

¿Cuándo pago impuestos?

Solo cuando reembolsas, no cada año. La ganancia tributa en la base del ahorro, que empieza en el 19 % para los primeros 6.000 € de ganancias del año y va subiendo por tramos desde ahí. Los traspasos entre fondos no tributan.

¿Cuánto tarda de verdad en llegarme el dinero?

Cuenta entre 24 y 72 horas hábiles desde que das la orden, según el fondo y el comercializador. Si necesitas dinero un sábado, no lo vas a tener el sábado.

¿Y si quiebra el banco donde lo tengo contratado?

Tus participaciones no forman parte del balance del banco ni de la gestora: están a tu nombre en un patrimonio separado y depositadas en una entidad depositaria. Recuperarlas puede llevar tiempo y papeleo, pero no dependen de la solvencia de quien te lo vendió. Lo que no cubre nadie es que el valor liquidativo baje.

¿Cuenta remunerada o fondo monetario?

Hoy, por pura rentabilidad, la cuenta remunerada. Por eficiencia fiscal, capacidad de traspaso y encaje con una cartera de fondos, el monetario. Por eso la respuesta razonable casi nunca es "uno u otro", sino "cuánto en cada uno".

Antes de esto, una comprobación

Todo lo anterior da por supuesto que no tienes deuda cara. Si la tienes, la cuenta cambia por completo: mientras un monetario te deja un 1,65 % neto, una tarjeta al 20 % te está costando doce veces más, y cancelarla es un 20 % garantizado y sin impuestos. Lo desarrollo en cancelar la deuda cara es la mejor inversión que ya tienes contratada.

Escrito por Invertir Sin Prisa — 17 años invirtiendo. Sobre mí →