La respuesta corta
Cancelar una deuda al 20 % es exactamente lo mismo que ganar un 20 % anual, con dos ventajas que ninguna inversión te ofrece: es seguro y no tributa.
No todas las deudas son la misma deuda. Con la hipoteca se puede convivir. Con el préstamo del coche hay que vigilar el plazo y la letra pequeña. La revolving no se gestiona: se cancela.
Y para cancelarla da bastante igual el método que elijas. Lo que no da igual es empezar.
El día que fui a comprar un coche, el vendedor tardó menos de un minuto en dejar de hablarme del coche.
Pasó a hablarme de la cuota. Doscientos y pico al mes, sin entrada, en un plazo que ni recuerdo, porque el plazo era justo lo que no quería que yo mirase. Cuando le dije que lo pagaba al contado hizo una pausa rara, y a partir de ahí el descuento se puso difícil: el descuento bueno estaba atado a la financiación. El coche había dejado de ser el producto. El producto era la cuota.
Y no es un vicio del sector del automóvil, es el modelo entero. El sofá se vende a 24 meses, el móvil a 30, las vacaciones a 12 y las zapatillas en cuatro plazos sin intereses. Hemos pasado, sin darnos mucha cuenta, de preguntar cuánto cuesta una cosa a preguntar cuánto me queda al mes.
Aquí es donde esto se cruza con lo que escribo en esta web. Hay gente capaz de dedicar tres semanas a comparar dos fondos indexados que se llevan una décima de diferencia en comisiones —yo he sido de esa gente— mientras en otro cajón de su propia vida corre un 18 % anual que no ha mirado nunca.
Una décima contra dieciocho puntos. No hay estrategia de inversión en el mundo que compense eso.
Los tres artículos anteriores iban de protegerse: por qué el colchón es el paso que todos quieren saltarse, dónde vive ese dinero y qué pinta ahí un fondo monetario. Este va del tramo que hay entre tener el colchón hecho y comprar tu primer fondo, y que casi todo el mundo se salta: mirar de frente lo que debes.
Es la parte menos fotogénica de todo el camino. Y es, con diferencia, la que más dinero te va a dar.
Una deuda al 20 % es un fondo al 20 %, solo que al revés
Esta es la idea que hay que llevarse del artículo, y es sencilla: el dinero no distingue entre lo que ganas y lo que dejas de pagar.
Si tienes 3.000 € y los metes en un fondo, esperas —esperas, no sabes— un 6 % o un 7 % anual de media a largo plazo. Con caídas del 30 % por el camino, con años en rojo y con Hacienda esperando en la puerta el día que vendas.
Si tienes 3.000 € y cancelas con ellos una deuda al 20 %, te has ahorrado ese 20 %. No es una estimación, es una resta. No depende del mercado ni de lo que decida un banco central un jueves. Y no tributa, porque no es una ganancia: es un gasto que ya no vas a tener.
Cancelar deuda al 20 %: un 20 % garantizado, sin impuestos, sin volatilidad, sin depender de nadie.
Un fondo indexado global: un 6-7 % anual esperado a largo plazo, con impuestos al vender y con caídas de más del 30 % por el camino.
No hay debate. Y no lo hay porque una cifra es cierta y la otra es probable.
La honestidad me obliga a matizarlo: esto es tan evidente con una revolving al 20 % como discutible con una hipoteca al 2,4 %. En medio está todo lo demás, y ahí es donde hay que pensar un poco. Vamos a ello.
No todas las deudas son la misma deuda
Las ordeno de menos a más urgente, que es justo el orden inverso al que las mira casi todo el mundo.
La hipoteca. La única deuda con la que se puede convivir tranquilo
Es la más barata que vas a firmar en tu vida, tiene el plazo más largo y compra un activo que se queda contigo. Si tu tipo está en el entorno del 2 % o el 3 %, amortizarla anticipadamente teniendo la alternativa de invertir a largo plazo no es una decisión evidente: matemáticamente suele perder, emocionalmente suele ganar, y esa segunda parte no es ninguna tontería. Merece su propio artículo y lo tendrá.
Dos apuntes por ahora: si amortizas, casi siempre interesa reducir plazo antes que cuota, porque es donde está el ahorro de intereses de verdad; y si tu hipoteca es anterior a 2013, comprueba la deducción antes de tocar nada, porque puede cambiar la cuenta entera. Si quieres ver el efecto sobre tu caso, la calculadora de hipoteca te da el cuadro completo, y en la ficha de la hipoteca están los límites legales a las comisiones por amortización anticipada.
El préstamo necesario. El coche, y poco más
Necesitas el coche para trabajar, no tienes 14.000 € guardados y no vas a tenerlos en dos años. Financiarlo es una decisión defendible y no hay que flagelarse por ella. Lo que sí hay que hacer es mirar tres cosas que casi nadie mira:
El plazo, que es donde está la trampa moderna. A siete u ocho años la cuota queda preciosa y al quinto año debes más de lo que vale el coche. Si el plazo del préstamo es más largo que el tiempo que piensas tener el coche, la operación está mal montada de origen.
El coste real, que no es el TIN que sale en grande en el escaparate. El tipo medio de un préstamo personal en España rondaba el 7,59 % TAE el pasado junio, y en la TAE ya va todo incluido. Puedes ver qué cuota y qué intereses totales te salen en la calculadora de préstamo personal.
Y los acompañantes: comisión de apertura, seguro de protección de pagos, seguro de vida vinculado, mantenimiento de cuenta. Pide el desglose por escrito y con calma antes de firmar nada, porque ahí es donde aparecen las cosas que después nadie recuerda haber contratado. Rara vez se contratan de verdad: se aceptan sin verlas, en la misma firma y con prisa.
El préstamo prescindible. Las vacaciones, la boda, el sofá, el móvil a plazos
Aquí toca la frase incómoda del artículo: financiar consumo es comprometer tu sueldo de los próximos tres años a cambio de un placer que dura tres semanas. La deuda sobrevive a la experiencia. Eso es todo.
Y meto aquí a propósito el "a plazos sin intereses", el famoso compra ahora y paga después, porque es la versión amable del mismo problema. A veces es realmente gratis, no te voy a decir que no. El daño no está en el coste financiero: está en que te acostumbra a decidir por cuota en lugar de por precio. Es exactamente lo que intentaba hacer conmigo el vendedor del concesionario. Cuando tu cabeza pasa de "esto vale 900 €" a "esto son 25 € al mes", ya has perdido la referencia. Y 25 € al mes, repetidos seis veces, son 150 € al mes que no van a ir a ningún fondo.
La revolving. Esta no se gestiona: se cancela
Es un producto diseñado para que no lo entiendas, y lo digo sin dramatismo: la cuota es fija y baja, la deuda no baja al mismo ritmo, y el sistema se realimenta solo. Con números se ve mejor que con adjetivos.
Imagina 3.000 € en una tarjeta al 20 % TAE, pagando la cuota cómoda de 60 € al mes.
De tu primer pago de 60 €, 45,93 € son intereses. Amortizas 14 €.
Tardas 96 meses —ocho años— en liquidarla.
Pagas 2.727 € de intereses por una deuda de 3.000 €.
Si en lugar de 60 € pagas 210 €: 17 meses y 412 € de intereses.
Los mismos 3.000 €. Casi siete años y 2.300 € de diferencia, solo por la cuota que eliges. Por eso la tarjeta no es un problema de disciplina: es un problema de aritmética, y la disciplina no lo arregla si no cambias la cuota.
Y una cosa más, que es la que enlaza este artículo con los tres anteriores
Buena parte de esta deuda no nace de ningún capricho. Nace de un termo en enero, de una muela, de una revisión del coche que se convirtió en avería. Ya lo vimos: el 36,4 % de la población en España no podía afrontar un gasto imprevisto en 2025. Ese imprevisto no desaparece por no poder pagarlo. Se transforma. Y casi siempre se transforma en la financiación más cara que estaba disponible a las once de la noche desde el móvil.
El fondo de emergencia no sirve solo para no vender tus fondos en el peor momento. Sirve, sobre todo, para no firmar un 20 % un domingo por la tarde.
Lo que cambia en noviembre (y lo que no)
Conviene tener esto en el radar, porque es novedad y se ha contado poco.
En enero de este año el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de la nueva Ley de contratos de crédito al consumo, que traspone la directiva europea y que llega con límites de precio, algo que en España no existía hasta ahora. Está en tramitación parlamentaria y las reglas se aplicarán a los contratos firmados a partir del 20 de noviembre de 2026.
Límite transitorio del 22 % TAE para las nuevas operaciones de crédito al consumo.
Márgenes por tramos sobre el tipo medio que publica el Banco de España: hasta 15 puntos para importes de hasta 1.500 €, 10 puntos entre 1.500 y 6.000 €, y 8 puntos por encima.
Crédito de alto coste: máximo un 4 % mensual, con comisiones del 5 % y tope de 30 €.
El ejemplo del propio Gobierno: un microcrédito de 300 € a 30 días, que hoy cuesta de media unos 103 €, pasaría a costar como máximo 20 €.
También: información precontractual con 24 horas de antelación, consulta obligatoria del historial crediticio antes de conceder, y el compra ahora y paga después dentro del perímetro de la norma.Fuentes: Ministerio de Economía · Portal de Consumo
Es una buena noticia y no cambia nada de tu situación.
Porque estas normas miran hacia adelante, a los contratos nuevos. La tarjeta que ya tienes firmada sigue exactamente igual el 21 de noviembre que el 19. Así que si estás pagando un 20 % hoy, tu plan no es esperar a que legisle nadie. Es cancelarla tú.
Dicho lo cual, y ya que estamos: si tu revolving es antigua y muy cara, merece la pena que alguien le eche un ojo al contrato. El Tribunal Supremo lleva años fijando criterio sobre cuándo el interés de estos productos entra en terreno de usura y sobre qué información tenían que haberte dado antes de firmar. No es una lotería ni todos los casos valen, pero tampoco es una leyenda urbana. Una consulta cuesta poco y a veces cambia mucho.
Cómo se cancela una deuda: avalancha, bola de nieve y el método que de verdad funciona
Paso 0: la lista. Antes de ningún método, saca todos los contratos y haz una tabla con cuatro columnas: a quién debes, cuánto, a qué TAE y cuál es la cuota. Nada más. Te vas a llevar dos o tres sorpresas, porque casi nadie ha visto nunca sus deudas juntas en la misma hoja. Este paso, que parece puramente administrativo, es el que desbloquea a más gente.
Paso 1: pagas el mínimo en todas.
Paso 2: todo el dinero que te sobre cada mes va íntegro a una sola deuda, hasta liquidarla. Luego pasas a la siguiente arrastrando la cuota que acabas de liberar. Eso es lo que hace bola de nieve: cada deuda que cae engorda el ataque a la siguiente.
La única discusión es cuál va primero.
Avalancha: primero la de TAE más alta. Es el óptimo matemático. Pagas menos intereses en total, siempre.
Bola de nieve: primero la de saldo más pequeño. Es el óptimo psicológico. Liquidas una deuda entera pronto, ves el hueco que deja y sigues.
Los defensores de cada método discuten con bastante pasión. Vamos a ver cuánto se juegan, con un caso normal:
Tres deudas: revolving de 3.000 € al 20 % con una cuota mínima de 90 €, préstamo de ocio de 1.200 € al 9 % con cuota de 40 € y préstamo del coche de 9.000 € al 7,5 % con cuota de 270 €. En total, 400 € al mes de mínimos. Y consigues destinar 150 € más cada mes.
Pagando solo los mínimos: 47 meses y 2.467 € de intereses.
Bola de nieve: 27 meses y 1.477 €.
Avalancha: 27 meses y 1.369 €.
Ahí está la respuesta. La diferencia entre el método óptimo y el método "emocional" son 108 €. La diferencia entre cualquiera de los dos y no hacer nada son unos 1.000 € y veinte meses de tu vida.
Así que la recomendación es tan poco épica como esta: elige el que vayas a mantener. Si necesitas ver una victoria rápida para no abandonar, bola de nieve, y no te sientas mal por los 108 €. Si los números te motivan por sí solos, avalancha. El mejor método es el que terminas.
La reunificación, que es el atajo. Aparece siempre en este punto y suele salir cara. Baja la cuota, sí, pero casi siempre porque alarga el plazo, y con comisión de apertura, gastos de cancelación y a veces un intermediario cobrando por en medio. Puede tener sentido si de verdad rebaja el tipo medio y no estiras el plazo. Lo que sale mal muchas más veces de las que debería es la reunificación que convierte deuda personal en deuda con tu vivienda como garantía. Ahí has cambiado un problema caro por un problema serio.
Y el paso final que casi nadie da: cuando termines de pagar la tarjeta, cancélala también en el sentido literal. No la dejes viva "por si acaso" con el límite disponible. Una revolving liquidada pero abierta vuelve a llenarse. Pasa lo suficiente como para escribirlo en negrita.
¿Y si tengo deuda cara y todavía no tengo colchón?
El orden que funciona es este: primero un mini-colchón de 1.000 €, después toda la artillería contra la deuda cara, y solo entonces completas el fondo de emergencia hasta tus tres o seis meses.
Parece ineficiente tener 1.000 € parados mientras pagas un 20 %. Y lo es, sobre el papel: esos 1.000 € te cuestan unos 200 € al año en intereses que podrías haberte ahorrado. Pero sin ellos, la primera avería te devuelve a la tarjeta, y entonces ya no estás pagando deuda: estás dando vueltas. Fracasan muchos más planes por no tener esos 1.000 € que por tenerlos.
Por eso, sin prisa
Vuelvo al concesionario.
No pagué al contado por virtud, ni porque tuviera preparado un discurso sobre la deuda. Lo hice porque había hecho los cálculos: lo que me iba a costar aquella financiación era bastante más que lo que yo podía esperar razonablemente de mi cartera durante esos mismos años. No hacía falta ser muy listo. Hacía falta ser un poco cabezota con la calculadora y aguantar la cara del vendedor.
Y lo que vino después no aparece en ningún gráfico, porque las cosas que no ocurren no se ven: durante los años siguientes hubo una cuota de doscientos y pico euros que no salió de mi cuenta ningún mes. Ese dinero no se quedó quieto. Fue a otro sitio.
Eso es lo que no se ve cuando miras una deuda cara. No es solo lo que te cuesta. Es todo lo que te impide empezar mientras la tienes.
Cancelar deuda no aparece en ningún gráfico verde, no tiene ticker, no se comenta en las cenas y no suena emocionante. Pero es el único sitio de todo tu patrimonio donde la rentabilidad está garantizada por escrito, en un contrato que además firmaste tú.
Cuando eso está liquidado, y con el colchón hecho, ya sí empieza la parte de construir.
Sin prisa, pero liquidando primero lo que más caro te sale.
Preguntas frecuentes
¿Amortizo hipoteca o invierto?
Depende del tipo, y el listón está más o menos donde está la rentabilidad que esperas de tu cartera. Por encima del 4 %, amortizar gana casi siempre. Por debajo del 3 %, la matemática dice invertir, pero la matemática no duerme en tu casa: hay gente para la que quitarse la hipoteca vale más que dos puntos de rentabilidad, y me parece una respuesta perfectamente racional. Si amortizas, reduce plazo antes que cuota.
¿Y si no llego ni a pagar los mínimos?
Esto es lo más importante que voy a escribir hoy: habla con la entidad antes de dejar de pagar, no después. Con un impago encima tienes muchas menos opciones y bastante menos capacidad de negociar. Existen carencias, reestructuraciones, el Código de Buenas Prácticas para la vivienda habitual y, en situaciones límite, la ley de segunda oportunidad. Cuanto antes se hable, más cosas hay encima de la mesa.
¿Cancelo la tarjeta o la dejo abierta por si acaso?
Cancélala. El "por si acaso" es precisamente el mecanismo por el que vuelve a llenarse. Para el "por si acaso" tienes otra cosa, que se llama fondo de emergencia y no cobra un 20 %.
¿El pago a plazos sin intereses es gratis de verdad?
A veces sí. Mira si hay comisión de apertura o de gestión, que es donde suele estar el truco. Pero el coste que no ves es otro: normaliza comprar cosas que hoy no puedes pagar. Si necesitas fraccionar un sofá, la conversación no va sobre el sofá.
¿Me conviene reunificar todas mis deudas?
Solo si baja el tipo medio real y no alargas el plazo, contando comisiones. Y si la propuesta pasa por poner tu casa como garantía, no la firmes sin que la vea antes alguien que no cobre por que la firmes.
¿Cuánto cuesta de verdad una tarjeta revolving?
Con 3.000 € al 20 % TAE y una cuota de 60 € al mes, tardas 96 meses en liquidarla y pagas 2.727 € de intereses: casi tanto como la deuda original. Subiendo la cuota a 210 € al mes, la liquidas en 17 meses y pagas 412 €. Son los mismos 3.000 €: la diferencia la marca la cuota, no la disciplina.