Las dos fases de una renta

Toda renta tiene dos mitades, y casi todo el mundo solo mira una. La fase de acumulación es la de entrada: aportas cada mes durante años y el capital crece. La fase de retirada es la de salida: dejas de aportar y empiezas a cobrar de ese capital, que sigue invertido mientras lo vas vaciando.

Esa última frase es la que más cambia los números. Si tienes 100.000 € y retiras 500 € al mes sin que el dinero rente nada, te duran 200 meses justos: 16 años y 8 meses. Si el capital que aún no has retirado sigue generando un 3,5 % anual, esos mismos 100.000 € dan para 25 años. El plazo crece un 50 % sin poner un euro más, y esa diferencia sale entera de los intereses que genera el dinero que todavía no has sacado.

Cómo se calcula la renta que permite un capital

El capital que necesitas hoy para pagar una renta es el valor actual de esa serie de pagos. Despejando la renta:

R = C × i ÷ [ 1 − (1 + i)−n ]

Donde C es el capital de partida, i la rentabilidad de cada periodo (la anual dividida entre el número de cobros al año) y n el número total de cobros. Si la renta se cobra al inicio de cada periodo, el resultado se divide además entre (1 + i).

Es la misma fórmula que usa el sistema francés de amortización para calcular la cuota de una hipoteca, y no es casualidad: cobrar una renta de tu capital es exactamente lo mismo que prestártelo a ti mismo. Tú eres a la vez el banco y el cliente. Puedes verlo en la calculadora de hipoteca: la estructura del cuadro es idéntica, solo cambia de qué lado de la mesa estás.

¿Para qué sirve cada modo?

La pregunta que te haces cambia según en qué punto estés. Si ya tienes el capital, quieres saber cuánta renta te da o cuánto te va a durar. Si todavía no lo tienes, la pregunta es al revés: cuánto capital necesito para la renta que quiero, o qué rentabilidad haría falta para que los números salgan. Cada modo despeja una de esas incógnitas y convierte las otras tres en datos que tienes que introducir.

El modo ¿Qué rentabilidad necesito? es el más útil como prueba de realidad. Si te dice que necesitas un 9 % anual sostenido durante treinta años para que tu plan funcione, el plan no funciona: ese número no es un objetivo, es un aviso.

Lo que esta calculadora no hace

Supone una rentabilidad constante, y la realidad no lo es. En una cartera con renta variable, el orden en que llegan los buenos y los malos años importa muchísimo cuando estás retirando dinero: dos carteras con la misma rentabilidad media pueden acabar una con dinero de sobra y otra a cero, solo por el orden de los rendimientos. Es lo que se conoce como riesgo de secuencia de rendimientos, y afecta sobre todo a los primeros años de la retirada.

Tampoco descuenta impuestos —la parte de ganancia de cada cobro tributa en la base del ahorro— ni inflación. Para aproximar el efecto de la inflación, introduce una rentabilidad real: la que esperas menos la inflación que esperas. El resultado quedará entonces en euros de hoy.

Y agota el capital al final del plazo. Si tu idea es no tocar el principal y vivir solo de lo que genera, esa es otra cuenta distinta y bastante más exigente.